Vamos a situarnos en el Buenos Aires de 1917,  una ciudad noctámbula que conocía el primer tango cantado de la historia en la voz de Carlos Gardel, Mi noche triste, esa canción instrumental escrita por Samuel castriota a la que Pascual Contursi le puso letra… Percanta que me amuraste, en lo mejor de mi vida… 

En esa Buenos Aires  donde Mujica Lainez era un niño de 7 años que iba creando en su imaginación al hombrecito de azulejo,  esa ciudad que Borges  había abandonado por la ceguera de su padre, esa ciudad que veía como daba sus primeros pasos como actor Enrique Santos Discépolo, el padre de Mordisquito y de Cambalache, un hombre de una crítica admirable…

En esa ciudad, vivían unos jovenes que tenían el asunto de la radio entre ceja y ceja, unos jóvenes que además ed compartir los juegos de su infancia, o deportes como el remo y la esgrima, tenían la habilidad de crear, de inventar, eran inventores natos, pero no sabían que la historia les tenía guardado en lugar como los pioneros de la radio argentina. 

Uno era médico, los otros tres estudiaban medicina, el doctor Enrique Susini (25 años) su sobrino Miguel Mujica (18 años), Cesar Guerrico y Luis romero Carranza ( 22 años) además de jóvenes provenientes de familias adineradas de barrio norte, eran radiomaniacos, estaban obsecionados con llevar la voz a todos los hogares porteños, imaginación les sobraba.

Se informaban y leían en diarios y revistas todo lo que estuviera disponible y relacionado con la radio, especialmente del italiano Guillermo Marconi, poco a poco se iban acercando más a sus sueños y se iban introduciendo en ese mundo que tanto les fascinaba, el uso de la “transmisión inhalámbrica, sin conductores y a distancia”, esa que un año antes había llevado “música, ideas, noticas e informaciones” de la mano del exiliado ruso David Sarnoff  en los EEUU. 

EL mismo Guillermo Marconi había llegado a la argentina en 1910, y desde Bernal, en ese momento pleno campo, había logrado comunicarse con bases ubicadas en Canadá e Irlanda. Después de esta experiencia Buenos Aires contó con unos 50 radioaficionados hacia el año 1914, que fueron obligados a desmontar su antenas bajo sospecha de haber transmitido información secreta a barcos enemigos, la guerra y sus efectos se hacían sentir en el sur del planeta, y de nada sirvió explicar a las autoridades que nada tenían ellos que ver con el asunto. La necesidad de controlar las transmisiones llevó al Presidente Hipólito Hirigoyen a dictar la primera ley de radiotelefonía, era el 12 de octubre de 1917 cuando se la dió a conocer. 

Ese mismo año el Doctor Susini había ingresado como Médico de la Armada, llevaba adelante un proyecto para estudiar e investigar al cuerpo humano según lo atraviesan corrientes eléctricas y acústicas, al finalizar la guerra en 1918 la armada encomienda a Susini estudiar los efectos de los gases asfixiantes y paralizantes sobre las vias respiratorias, fue enviado muy cerca de los frentes de batalla, y su sueño, comenzó a hacerse realiadad lentamente. 

En el ejército Francés consiguió equipos de radio de baja potencia (5 kw)y prácticamente sin usar casi abandonados, junto con otros elementos como lámparas y válvulas de rezago. Regresó a la Argentina con una maleta llena de sorpresas, bueno, en realidad se rumoréa que Susini aprovechando su altura y su cuerpo ingresó todo esto escondido en las mangas de su sobretodo. Su mujer adimitió en 1955 que este hecho fue real, la picardía criolla se alimentaba en 1920. 

1920… el año donde el sueño no terminó… (continuará)

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