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Felices fiestas.

La primera línea de subtes de la Argentina fue ignaugurada al público el   de Diciembre de  1913,  sus 9.7 km de longitud unen Plaza de Mayo y Primera Junta (Caballito). Es además. la primera línea de primera líena de toda América Latina, el hemisferio sur e Hispanoamérica

Es famosa porque sigue manteniendo sus coches antiguos de la década de 1910, iluminados con lamparitas,  la apertura de las puertas del vagón es Manual, sus asientos de madera  y la estación Perú sigue manteniendo afiches antiguos de la época.  

La estación de subte más hermosa de Buenos Aires fue nombrada en honor a la República del Perú. Sufrió una resturación general en la década del 80 y hoy día tiene la particularidad de lucir tal como era a principios del siglo XX, en sus paredes  podemos contemplar afiches con publicidades de principio de 1900, rejas, columnas de hierro y una antigua balanza y  la boca de entrada  está conservada en su aspecto original. 

Varias veces si intentó cambiar los viejos vagones por unos más modernos, económicos y más confortables pero la resistencia popular impidió este sacrilegio. Hoy la persona que entra en la estación Perú retrocede 100 años en el tiempo… si sabe mirar y entender su enterno. 

Es recomendable visitarla los fines de semana para poder contemplarla, ya que se encuentra en Av. de Mayo y Perú (la continuación de Florida) y es una de las más transitadas de toda la red de Buenos Aires en días lobolables. 

La primera vez que viaje en este subte, al desconocer la apertura manual de sus puertas me pasé tres estaciones, era un domingo muy temprano por la mañana, al llegar a Plaza Miserere me paré frente a la puerta esperando para bajar, no se abrió… “no funciona” pensé, y me cambié a la puerta Central… a la siguiente estación lo mismo… y así llegue a la última puerta donde un buen hombre, con cara de “que boludo que sos” me dijo amablemente: “tenés que abrir vos las puertas con la mano”… 

Caminé las 15 cuadras que me había pasado entre la risa y la verguenza…  pecados de juventud que le le dicen.

La impuntualidad porteña es algo que podemos decir, nació con nuestra patria, o un poquito después… pero no mucho. 

Existen constancias de ella en los acuerdos del Cabildo de Buenos Aires, ciudad que por su gran pobreza carecía de relox bien concertado que las leyes de indias disponían tuviese la audiencia, tribunal que ya funcionaba desde 1663.

En la reunión de 1725 se planteó el problema que ocasionaban los frecuentes retrasos para quienes concurrían en hora, para corregirlo, se acordó solicitar una campana del mejor sonido y tamaña posible que se pudiera para que a son de ellas se agan las juntas deste acuerdo . El alcalde de este primer voto quedó encargado de adquirirla…

Ya iniciado el siglo XVIII no era común entre los particulares el uso de relojes, en las casas comenzaron a generalizarse los relojes de pared y de mesa y se conocieron los de  faltriquera, es decir, los de bolsillo, Pero todo esto pasó recién a mediados de siglo y solo eran afortunados las personas pudientes.

El primer edificio de Buenos Aires en tener un reloj en su frente fue El cabildo,  y se incorporó a la torre que se construyó en 1765 para su colocación. Desde hacía muchos años existía el deseo de los miembros del ayuntamiento de contar con uno como el de la ciudad de Cadiz. En 1761 se encargó su adquisición al Comerciante D. Juán Antonio de Cevallos que vivía en esa ciudad, y se le envió una partida de 100 cueros vacunos, el 50 % de lo pactado, para que de su venta obtuviera el dinero necesario para efectuar el pago.

Un apoderado del comerciante, D. Juán Sanchez de la Vega, concretó la operación y remitió el reloj a Buenos Aires en 1763, viajó en la fragata Nuestra Señora del Carmen,  su costo total fue de $ 2.275 y en el estaba incluido el flete  pero… a los cabildantes el costo del envío les pareció excesivo y cuestionaron su pago, que recién se completó en 1781, en los años transcurridos, el reloj ya había sido reparado varias veces por que su calidad no era buena. 

Cuando el reloj arribó a Buenos Aires provocó un gran movimiento en la ciudad, la apertura de los dos cajones donde venían embaladas las piezas fue una ceremonia popular. La apertura se realizó ante el cabildo presidido por el Alcalde de primer voto  y los relojeros Cachemaille y Mayer (jesuita). 

La apertura de las cajas deparó varias sorpresas a los presentes, ya que escondida en ellas venían escondidas telas y géneros destinados a un comercio porteño propiedad de D. Toribio Vieña,  el contrabando  provocó un escándalo, y como si esto fuera poco, el tan ansiado reloj no podía ser colocado por que asó como sobraba mercadería en las cajas, faltaban piezas, las pesas del péndulo, error que se corrigió recién en mayo de 1765. Confeccionándolas localmente. 

La torre donde fue colocado fue costeada por los vecinos, pero ante la falta de fondos suficientes, se organizó una corrida de toros y se implementó un nuevo impuesto.

El reloj duró solo hasta 1848, ya que las repetidas reparaciones obligaron a remplazarlo por uno nuevo, acto que tuvo lugar el 25 de diciembre, y a la medianoche de ese día, la ciudad escuchó por primera vez el repique de las nuevas campanas. Fue una fiesta popular en todo sentido, desde los balcones del Cabildo se lanzaron cohetes, y en la plaza colmada la banda militar tocó marchas. El viejo reloj reemplazado, fue trasladado a la torre de la Iglesia de San Ignacio, donde aún puede observárselo.   

   

 El nuevo reloj tampoco solucionó la mala costumbre porteña de llegar tarde, y Juan Manuel de Rosas, queriendo solucionar de una vez este inconveniente, emitió un decreto el 17 de enero de 1849 declarando al reloj del Cabildo  regulador legal del tiempo  fue así, que mandó a ajustar conforme al reloj del Cabildo todos los relojes privados y públicos.  Admitió como más propicio el momento de la mayor altura del sol, es decir, cuando se verifica el medio día verdadero,  Pero como no todos los vecinos estaban a la distancia necesaria para oír las campanadas, optó por hacerlo al ponerse el sol, en el momento preciso que su disco desaparece de la vista en el horizonte

Esta curiosa, no tan desconocida, y tragicómica historia comienza en el año 1881… el Día que David Alleno, comenzó a trabajar como cuidador en el cementerio de la Recoleta.  

Este inmigrante italiano tenia el sueño de ser enterrado en el cementerio de la Recoleta, ahorró hasta poder comprarse una parcela en su interior gracias a la ayuda “extra” de un premio de loteria, que su hermano, un empleado administrativo del cementerio. había comprado.

En la Bóveda figuran los datos del constructor, Juan Alleno, uno de sus hermanos. Cuando estuvo concluída el sereno mandó a hacer su escultura, se la encargó a un artista de apellido Canessa en su Génova Natal a donde viajó exclusicamente con este propósito.

Escultura del sereno impaciente.

Escultura del sereno impaciente.

En la estátua figura con todos sus elementos de trabajo  (regadera, escoba, plumero y demás) y se ve en ella a un hombre simple, tierno, con todos sus elementos de trabajo, hizo un gran esfuerzo para que su escultura sea digna de acompañar a todas las obras que la acompañaban. y que él admiraba. 

El trabajo estuvo terminado en 1910, y a los pies de la escultura se puede leer: “‘David Alleno, cuidador en este cementerio 1881-1910”, Nunca respondió las preguntas de las personas a las que le llamaba la atención que la leyenda tuviera dos fechas… el solo respondía con silencio. 

Cuando la Bóveda estuvo totalmente terminada, David Alleno avisó a la administración del cementerio que no iba a concurrir más a trabajar, Feliz  por haber cumplido su sueño y dominado por las ancias de poder usar su tumba  volvió a su casa y…

Se pegó un tiro. 

En el barrio no pudieron decir que este hombre “no tenía donde caerse muerto” …

En la Buenos Aires en la década del 30 las cosas no eran muy distintas a lo que nos pasa ahora, menos violentas si, pero no distintas.  Y muchos de los delincuentes eran, sinceramente, y aunque duela decirlo, unos maestros en lo suyo…

Es el caso de Antonio Caprioli, conocido como “el vivo” o “el fantasma”  que logró tener en jaque a la policia de todo el país durante casi siete años. 

Nació en Chacabuco, provincia de Buenos Aires, el 24 de septiembre de 1910, hijo de trabajadores que, como muchos otros, solo esperaban que su hijo estudiara y fuera un hombre de bien. Curso la escuela primaria pero apenas había cumplido los 15 años abandonó el secundario. Comenzó a formar su fama y su prestigio primero en “patotas” de su ciudad, que se caracterizaban por la violencia en sus delitos. 

Caprioli decidió cambiar a Buenos Aires ya que Chacabuco comenzaba a quedarle chico a él y a su amigo inseparable, un Colt 45 empavonado en negro que lucoa con orgullo. Al principio asaltó a algunos cobradores industriales para ir subsisitiendo,  y pagar su estadía en un viejo “aguantadero” de la Avenida Avellaneda. 

De a poco su fama crece en el hambiente delictivo local, y comienza a recibir encargos y servicios de varias pandillas, hasta arribar a la comandada por Rogelio Gordillo, “el pibe cabeza”   a quien acompañó lealmente hasta el día de su muerte, fue donde dejó ver su cara más recia y violenta. 

Una noche de 1937 Gordillo y Caprioli viajaban en un colectivo de la línea 49 por el barrio de Mataderos, venían de la casa de dos hermonas hermanas donde habían pasado la noche.  Pronto se dieron cuenta que el colectivo era seguido por un Ford “a bigotes” y a los que identificaron enseguida como “la cana”  y al llegar a la esquina de Juan Bautista Alberdi y Guardia Nacional, para sorpresa de sus seguidores, descendieron del colectivo armas en mano comenzando, sin miedo alguno, la lucha ellos sin esperar un segundo.

Gordillo muere en la pelea y Caprioli, herido en un brazo y en la  pierna izquierda, se sube a un colectivo de la línea 45,  amablemente le pone el arma en la nuca al chofer y lo obliga a cambiar el recorrido. Capriolli apunta a un pasajero y lo obliga a desnudarse, se cambia la vestimenta y al llegar a la Facultad de Agronomía se baja y ordena al chofer “volar” del lugar bajo amenaza de muerte.

Camina varias cuadras como puede ayudándose con los paredones de la facultad, busca ayuda en una farmacia pero se la niegan, vuelve a la calle y allí recuerda a un “amigo”, Francisco Barros que era el regente de un aguantadero cercano, llega al lugar donde curan sus heridas y donde dos horas más tarde, recibe a los integrantes de la pandilla de  “El pibe Cabeza”, les comunica la muerte e su jefe y se hace cargo él ahora de la jefatura de la banda.

Como primera medida multiplica los robos, por que necesitaban mucho dinero para poder emigrar a lugares más seguros, el cerco que la policía estaba tejiendo cada día era más preocupante. En mayo de ese 1937 la pantilla comete seis robos, dos de ellos con victimas mortales.

La policia logra ubicar tras un fuerte operativo a varios de los integrantes de la banda en Palermo , en la esquina de Cabildo y Juramento,   (no, no me equivoqué, así figura en los documentos). Y tras un tiroteo “infernal” y Caprioli una vez más logra “evaporarse” del lugar, y de varios lugares más, por que lo buscan durante días realizando allanamientos y no aparece por ningún lado. 

En estos dias Caprioli “licencia” a varios  de los integrantes de su banda y con dos hombres de comfianza viaja en su Ford ultimo modelo a San Nicolás, va en busca del aguantadero de un viejo amigo suyo, Salvador Seminario.  Estuvo ahí un par de días, pero la poca seguridad que le ofrecia el lugar lo pone de nuevo en la ruta, esta vez sin rumbo fijo, siempre acompañado de sus dos guaraespaldas. 

A punta de pistola se alojan en Junín en una finca privada que pertencecía a una familia trabajadora y de mucho prestigio en la zona de apellido Grau, los propietarios de la finca son obligados a construir en el fondo de la vivienda una escondite con lonas y chapas para esconder el auto. 

La familia Grau vivió un verdadero infierno hasta la mañana del 5 de julio de 1937, cuando cerca del mediodía la casa fue rodeada por la policía. La policia les da la orden de rendirse, y tras un largo silencio, desde la habitación que ocupaban los delincuentes comenzaron los disparos. 

El primer en Caer es uno de sus guardaespaldas conocido como ” El nene Martinez”, con dos tiros en la frente, Caprioli toma un colchón de lana y trata de protegerse hasta llegar a su Ford, (vamos, que de inteligente nada, era un boludo bárbaro! ) cuando cayó el colchón tenía más de 20 perforaciones, el otro guardaespaldas, Castrogiovanni, prefiere suicidarse, tomando una gran cantidad de veneno, antes de caer a manos de la policía.  Pero no le resultó. Lo mataron antes que pudiera terminar de tragar el líquido. 

Y como siempre, nada nuevo en esta querida tierra Argentina, La diferencia está en que antes no lo pasaban por Crónica Tv en directo…

Vamos a ver, esto no lo escribí yo, pero alcontrario de lo que pasa con todo lo que pongo en este blog, merece ser leído, si señores, una joyita… dice más o menos así: 

Los túneles del centro de Córdoba han sido, indudablemente, materia de muchos artículos y de muchas conversaciones, enhebradas en las antiguas leyendas que nacen por obra de ese fabulista que fue Sarmiento. En parte por sus afirmaciones en el “Facundo” de la existencia de un subterráneo que comenzaba en el presbiterio de la Iglesia de la Compañía de Jesús, y en parte por imitación de Buenos Aires, se ha señalado reiteradamente la presencia de una red de túneles bajo el centro de la ciudad. Pero mientras que los túneles de Buenos Aires -que parten de la “Manzana de Las Luces- han sido debidamente explorados,
cartografiados y parcialmente habilitados al público, los de esta ciudad siguen un misterio y un tema de discusión. Se los menta, pero nadie los ha visto. Destacados historiadores que se han ocupado del tema, como el padre Juan Grenón y el profesor Efraín U. Bischoff, sostienen que lo único que existen son viejos
acueductos (como el de Barrio General Paz), sótanos y vizcacheras extensas, que de vez en cuando se derrumban y dan nueva vida a la leyenda de los túneles céntricos de Córdoba y alrededores.

Si quieren saber más, es tan simple como seguir este enlace a  Yo no quería tener un blog y pueden aprender y comentar el artículo de Dayana. 

Da gusto leer blogs que generan noticias…

“Señoras y señores: la sociedad Radio Argentina les presenta hoy el festival sacro de Ricardo Wagner, Parsifal, con la actuación del Tenor Maestri, el barítono Aldo Rossi Morelli y la soprano argentina Sara César, todos con la orquesta del teatro Constanzi de Roma, dirigida por el maestro Felix von Wagner”… de esta forma, con vos de locutor, Susini anunciaba la primera transmisión de radio. Y su entrada en la historia.

Apenas pasadas las 9 de la noche del 27 de agosto de 1920 en la azotea del teatro Coliseo de Buenos Aires, con un equipo precario y con un micrófono para sordos que les permitía tomar el sonido ambiente, ubicado desde el paraíso del Teatro.  El transmisor, de 5 kw como habíamos dicho, instalado en la azotea, funcionó como se esperaba a pesar de su humildad. La antena se colocó en la cúpula de una casa que se encontraba en Cerrito y Charcas… 

Los locos de la Azotea…