En la Buenos Aires en la década del 30 las cosas no eran muy distintas a lo que nos pasa ahora, menos violentas si, pero no distintas.  Y muchos de los delincuentes eran, sinceramente, y aunque duela decirlo, unos maestros en lo suyo…

Es el caso de Antonio Caprioli, conocido como “el vivo” o “el fantasma”  que logró tener en jaque a la policia de todo el país durante casi siete años. 

Nació en Chacabuco, provincia de Buenos Aires, el 24 de septiembre de 1910, hijo de trabajadores que, como muchos otros, solo esperaban que su hijo estudiara y fuera un hombre de bien. Curso la escuela primaria pero apenas había cumplido los 15 años abandonó el secundario. Comenzó a formar su fama y su prestigio primero en “patotas” de su ciudad, que se caracterizaban por la violencia en sus delitos. 

Caprioli decidió cambiar a Buenos Aires ya que Chacabuco comenzaba a quedarle chico a él y a su amigo inseparable, un Colt 45 empavonado en negro que lucoa con orgullo. Al principio asaltó a algunos cobradores industriales para ir subsisitiendo,  y pagar su estadía en un viejo “aguantadero” de la Avenida Avellaneda. 

De a poco su fama crece en el hambiente delictivo local, y comienza a recibir encargos y servicios de varias pandillas, hasta arribar a la comandada por Rogelio Gordillo, “el pibe cabeza”   a quien acompañó lealmente hasta el día de su muerte, fue donde dejó ver su cara más recia y violenta. 

Una noche de 1937 Gordillo y Caprioli viajaban en un colectivo de la línea 49 por el barrio de Mataderos, venían de la casa de dos hermonas hermanas donde habían pasado la noche.  Pronto se dieron cuenta que el colectivo era seguido por un Ford “a bigotes” y a los que identificaron enseguida como “la cana”  y al llegar a la esquina de Juan Bautista Alberdi y Guardia Nacional, para sorpresa de sus seguidores, descendieron del colectivo armas en mano comenzando, sin miedo alguno, la lucha ellos sin esperar un segundo.

Gordillo muere en la pelea y Caprioli, herido en un brazo y en la  pierna izquierda, se sube a un colectivo de la línea 45,  amablemente le pone el arma en la nuca al chofer y lo obliga a cambiar el recorrido. Capriolli apunta a un pasajero y lo obliga a desnudarse, se cambia la vestimenta y al llegar a la Facultad de Agronomía se baja y ordena al chofer “volar” del lugar bajo amenaza de muerte.

Camina varias cuadras como puede ayudándose con los paredones de la facultad, busca ayuda en una farmacia pero se la niegan, vuelve a la calle y allí recuerda a un “amigo”, Francisco Barros que era el regente de un aguantadero cercano, llega al lugar donde curan sus heridas y donde dos horas más tarde, recibe a los integrantes de la pandilla de  “El pibe Cabeza”, les comunica la muerte e su jefe y se hace cargo él ahora de la jefatura de la banda.

Como primera medida multiplica los robos, por que necesitaban mucho dinero para poder emigrar a lugares más seguros, el cerco que la policía estaba tejiendo cada día era más preocupante. En mayo de ese 1937 la pantilla comete seis robos, dos de ellos con victimas mortales.

La policia logra ubicar tras un fuerte operativo a varios de los integrantes de la banda en Palermo , en la esquina de Cabildo y Juramento,   (no, no me equivoqué, así figura en los documentos). Y tras un tiroteo “infernal” y Caprioli una vez más logra “evaporarse” del lugar, y de varios lugares más, por que lo buscan durante días realizando allanamientos y no aparece por ningún lado. 

En estos dias Caprioli “licencia” a varios  de los integrantes de su banda y con dos hombres de comfianza viaja en su Ford ultimo modelo a San Nicolás, va en busca del aguantadero de un viejo amigo suyo, Salvador Seminario.  Estuvo ahí un par de días, pero la poca seguridad que le ofrecia el lugar lo pone de nuevo en la ruta, esta vez sin rumbo fijo, siempre acompañado de sus dos guaraespaldas. 

A punta de pistola se alojan en Junín en una finca privada que pertencecía a una familia trabajadora y de mucho prestigio en la zona de apellido Grau, los propietarios de la finca son obligados a construir en el fondo de la vivienda una escondite con lonas y chapas para esconder el auto. 

La familia Grau vivió un verdadero infierno hasta la mañana del 5 de julio de 1937, cuando cerca del mediodía la casa fue rodeada por la policía. La policia les da la orden de rendirse, y tras un largo silencio, desde la habitación que ocupaban los delincuentes comenzaron los disparos. 

El primer en Caer es uno de sus guardaespaldas conocido como ” El nene Martinez”, con dos tiros en la frente, Caprioli toma un colchón de lana y trata de protegerse hasta llegar a su Ford, (vamos, que de inteligente nada, era un boludo bárbaro! ) cuando cayó el colchón tenía más de 20 perforaciones, el otro guardaespaldas, Castrogiovanni, prefiere suicidarse, tomando una gran cantidad de veneno, antes de caer a manos de la policía.  Pero no le resultó. Lo mataron antes que pudiera terminar de tragar el líquido. 

Y como siempre, nada nuevo en esta querida tierra Argentina, La diferencia está en que antes no lo pasaban por Crónica Tv en directo…

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