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La impuntualidad porteña es algo que podemos decir, nació con nuestra patria, o un poquito después… pero no mucho. 

Existen constancias de ella en los acuerdos del Cabildo de Buenos Aires, ciudad que por su gran pobreza carecía de relox bien concertado que las leyes de indias disponían tuviese la audiencia, tribunal que ya funcionaba desde 1663.

En la reunión de 1725 se planteó el problema que ocasionaban los frecuentes retrasos para quienes concurrían en hora, para corregirlo, se acordó solicitar una campana del mejor sonido y tamaña posible que se pudiera para que a son de ellas se agan las juntas deste acuerdo . El alcalde de este primer voto quedó encargado de adquirirla…

Ya iniciado el siglo XVIII no era común entre los particulares el uso de relojes, en las casas comenzaron a generalizarse los relojes de pared y de mesa y se conocieron los de  faltriquera, es decir, los de bolsillo, Pero todo esto pasó recién a mediados de siglo y solo eran afortunados las personas pudientes.

El primer edificio de Buenos Aires en tener un reloj en su frente fue El cabildo,  y se incorporó a la torre que se construyó en 1765 para su colocación. Desde hacía muchos años existía el deseo de los miembros del ayuntamiento de contar con uno como el de la ciudad de Cadiz. En 1761 se encargó su adquisición al Comerciante D. Juán Antonio de Cevallos que vivía en esa ciudad, y se le envió una partida de 100 cueros vacunos, el 50 % de lo pactado, para que de su venta obtuviera el dinero necesario para efectuar el pago.

Un apoderado del comerciante, D. Juán Sanchez de la Vega, concretó la operación y remitió el reloj a Buenos Aires en 1763, viajó en la fragata Nuestra Señora del Carmen,  su costo total fue de $ 2.275 y en el estaba incluido el flete  pero… a los cabildantes el costo del envío les pareció excesivo y cuestionaron su pago, que recién se completó en 1781, en los años transcurridos, el reloj ya había sido reparado varias veces por que su calidad no era buena. 

Cuando el reloj arribó a Buenos Aires provocó un gran movimiento en la ciudad, la apertura de los dos cajones donde venían embaladas las piezas fue una ceremonia popular. La apertura se realizó ante el cabildo presidido por el Alcalde de primer voto  y los relojeros Cachemaille y Mayer (jesuita). 

La apertura de las cajas deparó varias sorpresas a los presentes, ya que escondida en ellas venían escondidas telas y géneros destinados a un comercio porteño propiedad de D. Toribio Vieña,  el contrabando  provocó un escándalo, y como si esto fuera poco, el tan ansiado reloj no podía ser colocado por que asó como sobraba mercadería en las cajas, faltaban piezas, las pesas del péndulo, error que se corrigió recién en mayo de 1765. Confeccionándolas localmente. 

La torre donde fue colocado fue costeada por los vecinos, pero ante la falta de fondos suficientes, se organizó una corrida de toros y se implementó un nuevo impuesto.

El reloj duró solo hasta 1848, ya que las repetidas reparaciones obligaron a remplazarlo por uno nuevo, acto que tuvo lugar el 25 de diciembre, y a la medianoche de ese día, la ciudad escuchó por primera vez el repique de las nuevas campanas. Fue una fiesta popular en todo sentido, desde los balcones del Cabildo se lanzaron cohetes, y en la plaza colmada la banda militar tocó marchas. El viejo reloj reemplazado, fue trasladado a la torre de la Iglesia de San Ignacio, donde aún puede observárselo.   

   

 El nuevo reloj tampoco solucionó la mala costumbre porteña de llegar tarde, y Juan Manuel de Rosas, queriendo solucionar de una vez este inconveniente, emitió un decreto el 17 de enero de 1849 declarando al reloj del Cabildo  regulador legal del tiempo  fue así, que mandó a ajustar conforme al reloj del Cabildo todos los relojes privados y públicos.  Admitió como más propicio el momento de la mayor altura del sol, es decir, cuando se verifica el medio día verdadero,  Pero como no todos los vecinos estaban a la distancia necesaria para oír las campanadas, optó por hacerlo al ponerse el sol, en el momento preciso que su disco desaparece de la vista en el horizonte

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Esta curiosa, no tan desconocida, y tragicómica historia comienza en el año 1881… el Día que David Alleno, comenzó a trabajar como cuidador en el cementerio de la Recoleta.  

Este inmigrante italiano tenia el sueño de ser enterrado en el cementerio de la Recoleta, ahorró hasta poder comprarse una parcela en su interior gracias a la ayuda “extra” de un premio de loteria, que su hermano, un empleado administrativo del cementerio. había comprado.

En la Bóveda figuran los datos del constructor, Juan Alleno, uno de sus hermanos. Cuando estuvo concluída el sereno mandó a hacer su escultura, se la encargó a un artista de apellido Canessa en su Génova Natal a donde viajó exclusicamente con este propósito.

Escultura del sereno impaciente.

Escultura del sereno impaciente.

En la estátua figura con todos sus elementos de trabajo  (regadera, escoba, plumero y demás) y se ve en ella a un hombre simple, tierno, con todos sus elementos de trabajo, hizo un gran esfuerzo para que su escultura sea digna de acompañar a todas las obras que la acompañaban. y que él admiraba. 

El trabajo estuvo terminado en 1910, y a los pies de la escultura se puede leer: “‘David Alleno, cuidador en este cementerio 1881-1910”, Nunca respondió las preguntas de las personas a las que le llamaba la atención que la leyenda tuviera dos fechas… el solo respondía con silencio. 

Cuando la Bóveda estuvo totalmente terminada, David Alleno avisó a la administración del cementerio que no iba a concurrir más a trabajar, Feliz  por haber cumplido su sueño y dominado por las ancias de poder usar su tumba  volvió a su casa y…

Se pegó un tiro. 

En el barrio no pudieron decir que este hombre “no tenía donde caerse muerto” …

En la Buenos Aires en la década del 30 las cosas no eran muy distintas a lo que nos pasa ahora, menos violentas si, pero no distintas.  Y muchos de los delincuentes eran, sinceramente, y aunque duela decirlo, unos maestros en lo suyo…

Es el caso de Antonio Caprioli, conocido como “el vivo” o “el fantasma”  que logró tener en jaque a la policia de todo el país durante casi siete años. 

Nació en Chacabuco, provincia de Buenos Aires, el 24 de septiembre de 1910, hijo de trabajadores que, como muchos otros, solo esperaban que su hijo estudiara y fuera un hombre de bien. Curso la escuela primaria pero apenas había cumplido los 15 años abandonó el secundario. Comenzó a formar su fama y su prestigio primero en “patotas” de su ciudad, que se caracterizaban por la violencia en sus delitos. 

Caprioli decidió cambiar a Buenos Aires ya que Chacabuco comenzaba a quedarle chico a él y a su amigo inseparable, un Colt 45 empavonado en negro que lucoa con orgullo. Al principio asaltó a algunos cobradores industriales para ir subsisitiendo,  y pagar su estadía en un viejo “aguantadero” de la Avenida Avellaneda. 

De a poco su fama crece en el hambiente delictivo local, y comienza a recibir encargos y servicios de varias pandillas, hasta arribar a la comandada por Rogelio Gordillo, “el pibe cabeza”   a quien acompañó lealmente hasta el día de su muerte, fue donde dejó ver su cara más recia y violenta. 

Una noche de 1937 Gordillo y Caprioli viajaban en un colectivo de la línea 49 por el barrio de Mataderos, venían de la casa de dos hermonas hermanas donde habían pasado la noche.  Pronto se dieron cuenta que el colectivo era seguido por un Ford “a bigotes” y a los que identificaron enseguida como “la cana”  y al llegar a la esquina de Juan Bautista Alberdi y Guardia Nacional, para sorpresa de sus seguidores, descendieron del colectivo armas en mano comenzando, sin miedo alguno, la lucha ellos sin esperar un segundo.

Gordillo muere en la pelea y Caprioli, herido en un brazo y en la  pierna izquierda, se sube a un colectivo de la línea 45,  amablemente le pone el arma en la nuca al chofer y lo obliga a cambiar el recorrido. Capriolli apunta a un pasajero y lo obliga a desnudarse, se cambia la vestimenta y al llegar a la Facultad de Agronomía se baja y ordena al chofer “volar” del lugar bajo amenaza de muerte.

Camina varias cuadras como puede ayudándose con los paredones de la facultad, busca ayuda en una farmacia pero se la niegan, vuelve a la calle y allí recuerda a un “amigo”, Francisco Barros que era el regente de un aguantadero cercano, llega al lugar donde curan sus heridas y donde dos horas más tarde, recibe a los integrantes de la pandilla de  “El pibe Cabeza”, les comunica la muerte e su jefe y se hace cargo él ahora de la jefatura de la banda.

Como primera medida multiplica los robos, por que necesitaban mucho dinero para poder emigrar a lugares más seguros, el cerco que la policía estaba tejiendo cada día era más preocupante. En mayo de ese 1937 la pantilla comete seis robos, dos de ellos con victimas mortales.

La policia logra ubicar tras un fuerte operativo a varios de los integrantes de la banda en Palermo , en la esquina de Cabildo y Juramento,   (no, no me equivoqué, así figura en los documentos). Y tras un tiroteo “infernal” y Caprioli una vez más logra “evaporarse” del lugar, y de varios lugares más, por que lo buscan durante días realizando allanamientos y no aparece por ningún lado. 

En estos dias Caprioli “licencia” a varios  de los integrantes de su banda y con dos hombres de comfianza viaja en su Ford ultimo modelo a San Nicolás, va en busca del aguantadero de un viejo amigo suyo, Salvador Seminario.  Estuvo ahí un par de días, pero la poca seguridad que le ofrecia el lugar lo pone de nuevo en la ruta, esta vez sin rumbo fijo, siempre acompañado de sus dos guaraespaldas. 

A punta de pistola se alojan en Junín en una finca privada que pertencecía a una familia trabajadora y de mucho prestigio en la zona de apellido Grau, los propietarios de la finca son obligados a construir en el fondo de la vivienda una escondite con lonas y chapas para esconder el auto. 

La familia Grau vivió un verdadero infierno hasta la mañana del 5 de julio de 1937, cuando cerca del mediodía la casa fue rodeada por la policía. La policia les da la orden de rendirse, y tras un largo silencio, desde la habitación que ocupaban los delincuentes comenzaron los disparos. 

El primer en Caer es uno de sus guardaespaldas conocido como ” El nene Martinez”, con dos tiros en la frente, Caprioli toma un colchón de lana y trata de protegerse hasta llegar a su Ford, (vamos, que de inteligente nada, era un boludo bárbaro! ) cuando cayó el colchón tenía más de 20 perforaciones, el otro guardaespaldas, Castrogiovanni, prefiere suicidarse, tomando una gran cantidad de veneno, antes de caer a manos de la policía.  Pero no le resultó. Lo mataron antes que pudiera terminar de tragar el líquido. 

Y como siempre, nada nuevo en esta querida tierra Argentina, La diferencia está en que antes no lo pasaban por Crónica Tv en directo…

La réplica de la Estatua de la Libertad está ubicada a uno de los lados de las barrancas de Belgrano, entre las calles 11 de septiembre y La pampa .  

La obra es una réplica original del escultor francés  Frederik Augusté Bartholdi igual a la que se encuentra en Nueva York pero más pequeña.  La firma del escultor francés se encuentra a los pies de esta obra escultórica similar a la que Francia le regaló a Estados Unidos con motivo del centenario de la independencia americana.

Nuestra valiosa obra fue restituída a su lugar original (donde está ubicada ahora) en 1986, su ausencia se debió a un atentado cuando se cumplían 100 años de su hermana mayor en EEUU.

Quién quiera corroborar la autenticidad de la obra no solo verá a sus piés la firma del escultor, también encontrará la leyenda: “Fondu por Le Val D´Osne 68, 8 rue Voltaire, Paris” . LA estatua fue adquirida por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires junto a otras obras en Francia.

* Como verán en mi post anterior me resultó imposible ir a sacarme hoy la foto a sus pies como tenía planeado. Pido disculpas pero lo hago esta semana sin falta. 

** La Ferrari que se llevaba el ganador de la encuesta me la quedo yo, ninguno de los que participó dijo Belgrano. Por cierto, muy honesto de su parte no utilizar google para participar de un concurso. Felicitaciones.

El lunfardo porteño es uno de los más ricos en ironías y expresiones agresivas, el “argot” (modismos) del lunfardo relacionados a la policía son numerosos y generalmente peyorativos, todos, tienen orígen en las cárceles, donde la necesidad de comunicarse sin ser descubiertos obligaba a la actualización constante de esta lengua.

Esta particularidad hace que de muchas ed las palabras utilizadas se conozca el origen, generalmente están relacionadas a situaciones cotidianas. Cafúa, cana, canasta tienen está procedencia y vamos a contar la historia. date_prieso

Lo que hoy conocemos como “caer en cana” (ir preso), “la cana” (la policía) es la reducción popular de lo que hacia 1889 era “caer en canasta” o “estar encanado”, En este año el departamento de policía de la ciudad fue trasladado a la calle Moreno 1550 y en los alrededores del edificio nuevo, existían grandes bañados, hornos de ladrillos, quintas y muy pocas viviendas. Buenos aires era para entonces la “gran Aldea” y comenzaban a er utilizados los terrenos pantanosos que rodeaban la ciudad obligados por el crecimiento.

En esos bañados crecían salvajemente gran cantidad de plantas de mimbre y juncos, que se utilizaban para la fabricación de sillas, canastas y otros productos de uso hogareño. Esas plantaciones servían al mismo tiempo de refugio y escondite de la “gente de mal vivir” como se los llamaba en esa época, en realidad, eran ladrones menores, que se dedicaban  a aprovecharse del oportunismo y algún cuchillero buscado por la policía.

Por este motivo ser detenido y permanecer alojado en el nuevo Departamento de Policía significaba “estar en canasta”, de “canasta” derivó después a “cana” y de una degeneración se implantó después “cafúa”, todas significan caer preso. Estás palabras fueron muy utilizadas en la composición de Tangos  

 Otra de las expresiones lunfardas relacionada con la policía que significa estar preso es “Gayola”, según algunos policías veteranos de la época el origen de esta palabra está en el conductor de los carros policiales destinados a trasladar los presos. Un oficial de apellido Gayoso o Gayolas.

El lunfardo se alimenta constantemente de situaciones cotidianas para deformarlas y convertirlas en palabras de uso común, generalmente se cambiaba la palabra cuando la policía descubría su significado y más tarde, cuando ya era común, se trasladaba al uso callejero.

Los argentinos conservamos esta costumbre con el lenguaje popular, que no para de transformar la forma de hablar con la incorporación de nuevos términos.

 

Buenos Aires conoció el alumbrado en sus calles hacia 1774, Quienes se arriesgaban a transitar sus calles en la noche debían llevar sus faroles, solo de esta forma se posibilitaba el desplazamiento. Cuando se realizaban celebraciones políticas o religiosas, se permitía como excepción la colocación de antorchas o faroles en el lugar del evento. Al término de la reunión de nuevo se volvía las tinieblas. farol1

El 23 de marzo de 1744 cuando la ciudad había cumplido 164 años, el Gobernador Domingo Ortiz de Rosas redactó un bando donde dispuso la colocación de faroles, desde el toque de oración hasta las 10 de la noche en verano, y hasta las 9 en invierno, en las puertas de las tiendas y las pulperías, con esta medida quiso evitar el gobernador “muchas ofensas que se comenten contra Dios, nuestro Señor.” 

La orden se extendió al uso en zapateros, sastres, barberos, herreros y otros oficios el 3 de noviembre de 1766, con esta medida el Gobernador D. Francisco de Paula y Bucarelli intentó evitar “que los ladrones y demás delincuentes puedan con más libertad cometer sus delitos. El bando debería cumplirse hasta las 11 de la noche en verano y una hora menos en invierno. 

Las dos medidas anteriores se hicieron extensivas a todas las calles colocando en las esquinas faroles de vela de sebo desde las 8 de la noche a las 12 de la noche por orden del último Gobernador del período hispánico, D. Juan José de Vertiz y Salcedo firmada el 2 de diciembre de 1174. Quienes se tuvieron que hacer cargo de los costos fueron los vecinos por medio de un impuesto, quienes lo recaudaban y mantenían el servicio, la policía, que lo hizo hasta 1856 cuando se Fundó La Municipalidad de Buenos Aires. 

Vertíz precisó en la forma de encender los faroles y de efectuar su limpieza al detalle, fijando la pena de“50 azotes para el criado de color que los rompiera al tiempo de encenderlos, de limpiarlos o de retirarlos por la malicia que puede llevar con ello contra el amo.”  

 Los faroles de vela fueron reemplazados en 1840 por los de aceite y por los de Querosene en 1850 mas tarde se introdujo la iluminación a gas que aunque se había usado en algunas oportunidades, se oficializó el 2 de Julio de 1853. El contrato se suscribió con Federico Jaunet y Hno, quienes dieron vida a la Compañía Primitiva de Gas  (más tarde Gas del Estado) para que colocara faroles en algunas calles de Buenos Aires. 

La imposibilidad de de colocar faroles a gas en todos lados hizo que los faroles a querosene existieran en varios lugares por mucho tiempo, en 1882 se comenzó a instalar la red de iluminación eléctrica y los tres sistemas convivieron simultáneamente dando luz a la ciudad, querosene en extramuros, gas en los barrios y electricidad en el centro. 

El último farol a querosene se apagó en Buenos Aires el 19 de marzo de 1931, lo hizo el intendente municipal D. José Guerrico y estaba ubicado sobre la avenida del trabajo. Ese día, desaparecieron también los faroleros, quienes todas las noches recorrían con sus escaleras de mano toda la avenida para encender sus faroles. La luz eléctrica había ganado Buenos Aires. 

Quienes quieran ver estos faroles, tienen muestras en los museos de Historia Nacional, de Luján y de la Policía Federal Argentina. 

La foto fue tomada de internét, (si, aunque no lo crean, soy un fotógrafo vago que no tengo ganas de buscar en mi archivo esta noche, solo esta noche. Lo prometo.)  

Dedicí, para hacer más dificil el blog, que a cada escrito voy a agregar una canción relacionada, esta vez es fácil.. ya veremos en el futuro.